Una investigación de las Universidades de Oslo y Glasgow demuestra que el cambio hacia la música digital ha hecho aumentar las emisiones de carbón. 

Un estudio conjunto entre el Dr. Matt Brennan de la Universidad de Glasgow y el Dr. Kyle Devine de la Universidad de Oslo, alerta de que a pesar de la eliminación del plástico ocasionado por los formatos físicos cada vez más obsoletos y de una bajada en el consumo de música, las emisiones de gases de efecto invernadero nunca habían sido tan altas como ahora. El crecimiento de las plataformas de música en streaming ha provocado un repunte en las emisiones de carbón, siendo éstas mayores que en la etapa previa a la digitalización, a pesar del ahorro en plástico que se ha producido por un menor consumo de CDs, vinilos y casetes.

Este trabajo analiza el uso de plástico dentro de la industria del formato físico en sus años de máximo auge. Concretamente, en 1977, la producción de vinilo provocaba 58 millones de kilos en desecho plástico; la de casetes, unos 56 millones de kgs y la de CDs un total de 61 millones. El descenso considerable de venta física consiguió que los niveles de desecho descendieran hasta los 8 millones de kgs en 2016.


“El almacenamiento y procesamiento de la música digital usa una cantidad enorme de recursos y energía, los cuales tienen un gran impacto en el ambiente”


“Estos números vienen a demostrar la noción extendida de que la música digital es música desmaterializada. Éstos incluso sugieren que el aumento de las descargas y el streaming hacen que la música sea cada vez más amable con el medioambiente”, indica Devine. Aunque también añade que “la realidad es bien distinta si nos ponemos a pensar en la energía que se usa para la escucha online. El almacenamiento y procesamiento de la música digital usa una cantidad enorme de recursos y energía, los cuales tienen un gran impacto en el ambiente”.

La investigación traduce la producción de plástico y la electricidad generada por los streamings en equivalentes de gases de efecto invernadero (GHGs) con el objetivo de comparar directamente el impacto de cada uno de ellos.

“El objetivo de esta investigación no es decir a los consumidores que no deben consumir música, sino hacerles conscientes de los costes ocasionados por sus hábitos de consumo, aclara Brennan. “Esperemos que estas conclusiones motiven el cambio hacia unas opciones de consumo más responsables y unos servicios que retribuyan a los creadores musicales mientras se mitiga el impacto medioambiental”.

(Fuente: IQ Magazine)