El pasado viernes, nos llegaban noticias alarmantes desde Banning, California. Una de las dos únicas fábricas mundiales de lacquer, el elemento principal en la fabricación de un vinilo, se incendiaba en su totalidad. “Es uno de los dos únicos procesos que existen, lacquer o DMM. Cada sistema tiene sus características propias, pero ambos pueden ofrecer masters de alta calidad. Estas lacas o discos en DMM son el primer paso en la producción del vinilo, por lo que cualquier interrupción en su suministro afecta a toda la cadena de producción“, indica Alain Consonni, responsable de Press Play Vinyl, la principal fábrica de vinilos de España.

A pesar de que, según el propio comunicado de la empresa, no ha habido heridos, la práctica totalidad de sus máquinas quedaban destruidas, lo que, previsiblemente, supondrá un varapalo para la producción de vinilos a nivel mundial. Actualmente, sólo son dos las fábricas en todo el mundo que producen este material, la propia Apollo Masters de California y MDC de Japón, quien ya desde hace semanas había reportado problemas para cumplir con la alta demanda a la que se enfrentaba. “Nuestro futuro es incierto en este momento y estamos evaluando distintas opciones mientras intentamos superar estos momentos tan difíciles” declaraban los responsables de la planta californiana.

No obstante, Consonni nos aclara que “en Europa la mayoría de los masters en laca se hacen con el proveedor japonés MDC, no el americano”. Pero sí que ve posible que a corto plazo este suceso suponga retrasos en los plazos de entrega e incluso una subida considerable de los precios debido a la escasez. “En Japón están limitados a 2000 lacquers por mes, pero respetan a sus clientes que en su mayoría son Europeos“.

En la fábrica de Urduliz, por el momento, respiran tranquilos, “tenemos cierto stock de lacquers asegurado y alternativas” y parece que será la industria americana la que se vea principalmente afectada. Además, en el Viejo Continente hay proyectos en marcha tanto en Italia como en Suiza por lo que el crecimiento exponencial del vinilo que llevamos viviendo desde hace algunos años, al menos en nuestro territorio, parece que está asegurado.